
El Atlantico- Mar del Plata, Agosto de 2008
Avalado por la crítica especializada, llega a Mar del Plata el espectáculo “El zoo que no se ve”. Una singular propuesta de alta calidad artística para toda la familia. La función tubo lugar en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium.
La obra cuenta con 10 (diez) bailarines y cuatro músicos en escena interpretando la vida de los animales que habitan un zoo y que expesan el amor, la diversión, y las ganas de recuperar la libertad su libertad abandonando sus jaulas durante la noche.
Una aventura mágicallena de exquisitascanciones originales con ritmos latinoamericanos y fragmentos de obras clásicas. La puesta cuenta con la presentación deJorge de la Vega -flautista solista de la Orquesta Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, junto a Paula Argüelles, bailarina y coreógrafa del mismo coliseo.
DIARIO de Paraguay- Asunción del Paraguay, Marzo de 2008
Sin dudas, quien se robó el centro del espectáculo fue el flautista Jorge de la Vega, él mismo parecía una caricatura en sus intervenciones y fue el encargado de generar la participación del público en el tramo final del recital.
Aparte, es dueño de un notable talento, que particularmente probó con un sensible solo del tema central de la película del ratoncito Fievel Ratonovich…
“Vamos a hacer otra, de todas formas la teníamos preparada”, bromeó Acher, “ quien no prepara un bis es un pesimista incorregible”. Tocaron “La gallina turuleca” y los aplausos lograron un bis más, de la misma canción, que culminó con la orquesta desorquestada, en pie y divirtiéndose sin dirección.
Pagina/12 - Ciudad de Buenos Aires, Agosto de 2007
Sergio Feferovich (La vuelta al mundo en un violín), Jorge de la Vega (Manos Mágicas) y Ernesto Acher (Los animales de la música) defienden la naturalidad de lo musical ante todo.
Feferovich y De la Vega (Acher, ausente con aviso), músicos que contactan a los chicos con el mundo clásico.
La música clásica tiene un aura de solemnidad que hace difícil imaginarse a los chicos ocupando las butacas de un teatro en donde una orquesta interpreta composiciones de Brahms, Mozart, Beethoven o Vivaldi.
Sin embargo, Sergio Feferovich con La vuelta al mundo en un violín, Jorge de la Vega en Manos mágicas y Ernesto Acher dirigiendo Los animales de la música no sólo lo imaginan, sino que también lo llevan a cabo: los tres ofrecen espectáculos en los que los autores clásicos son el alma mater de la obra, y los chicos los que disfrutan de ellos.
Mezclándola con ritmos de la música popular (desde tango y folklore hasta un ¡rap!) y para que los chicos entren en contacto con una sonoridad a la que en general no están habituados, intentan “descontracturar” un ambiente al que le cuesta renovar su público. “Si les gusta, es música y lo disfrutan. Aprovechar esa apertura de los chicos es una manera de generar nuevas audiencias”, comparten con Página/12.
…“ Por su parte, De la Vega afirma que el principal obstáculo que debe eludir este género es el prejuicio: “Dar un espectáculo en donde las músicas se mezclen alternativamente y los chicos, o los grandes, desde ese mundo puedan entender que se puede acceder a un estilo o a otro sin grandes diferencias, más allá de que fueron escritas en diferentes momentos en diferentes lugares, que puede producir los mismos efectos anímicos o espirituales. Creo que eso rompe con uno de los primeros elementos que separa a la gente del placer de la música, que es el prejuicio ”, sostiene”…
Y Manos mágicas es la historia de un flautista que es muy talentoso pero vago para estudiar, y sobre esa base intenta remarcar las características de cada uno de los instrumentos de la orquesta, desarmando sobre el escenario a algunos de ellos. “La idea es que el chico cuando se vaya, si no se acuerda el nombre del instrumento, se acuerde por lo menos de sus diferencias y su sonoridad”, dice De la Vega…
… y De la Vega agrega que, según su visión, “el mundo evolucionó, y gran parte de la separación que hay entre el transmisor y el que recibe es culpa del músico, que se quedó sentado en ese trono de papel, encapsulado en una fábula. Por eso, que los chicos no vengan ahora es algo que ya pasaba antes con los grandes: te das cuenta porque si la obra es buena, la disfrutan más los padres que los hijos”. El músico confiesa que su mayor orgullo “es cuando termina el espectáculo y veo a los padres aplaudiendo, y que se olvidaron de los chicos, porque están tan enganchados con la obra que se olvidaron dónde está el chico, que seguramente está rompiendo todo por ahí;”…
Y para subrayar el intento de quiebre con la formalidad de la música clásica, los tres cuentan cómo es que ellos llegaron a escucharla, hace tiempo ya, cuando ellos eran chicos. De la Vega lo explica como “una actitud de democracia maternal. Mi mamá me dijo: ‘o elegís un instrumento o te lo elijo yo’, y hoy soy flautista de la orquesta del Teatro Colón”…
http://www.www.pagina12.com.ar
LA NACION - Ciudad de Buenos Aires, Marzo de 2008
El ciclo, que ya superó las 300 emisiones y seis años de emisión, cobra mayor interés si tenemos en cuenta que una de las características de la reciente temporada de espectáculos para las vacaciones de invierno, tal como señaló Ruth Mehl en estas páginas, fue el aumento de las propuestas teatrales y escénicas de música clásica para chicos.
Uno de los grandes protagonistas de este tipo de iniciativas es Jorge de la Vega, flautista de la Orquesta Estable del Teatro Colón y figura central de espectáculos tan elogiados como Los animales de la música y la reciente Manos mágicas. El histrionismo, el espíritu didáctico y el notable vínculo que se establece con los chicos son características comunes entre Argenta y De la Vega, a priori un nombre ideal para imaginar en algún momento una correspondencia televisiva local para el admirable El conciertazo .
Marcelo Stiletano Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/935482